Los economistas estadounidenses Robert Hall y Michael Woodford ganaron este lunes el Premio Nobel de Economía por sus trabajos sobre cómo las políticas fiscales y monetarias pueden ayudar a estabilizar las fluctuaciones de la economía. Según el comité, fueron distinguidos por sus estudios sobre “los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica”.

Hall pertenece a la Universidad de Stanford, en California, y Woodford a la Universidad de Columbia, en Nueva York. Al anunciar el premio en Estocolmo, la Real Academia Sueca de Ciencias destacó que “los galardonados nos han ayudado a suavizar los picos y valles de la economía”.
“El trabajo de los galardonados nos ha proporcionado una base teórica estable para los modelos que ahora utilizan los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo. Con ellos, estamos mejor preparados para afrontar perturbaciones en la economía, como crisis energéticas o cambios repentinos en cuánto consumen los hogares”, explicó John Hassler, presidente del comité.
“Es un honor enorme, es una sorpresa”, dijo Woodford al ser contactado por teléfono en Nueva York.
En la Argentina, el presidente Javier Milei celebró la elección y destacó especialmente a Woodford. “Su contribución fue importante en dos mecanismos decisorios que tuvimos para el equilibrio fiscal, para limpiar el balance del Banco Central y bajar la inflación de largo plazo”, afirmó en Radio Mitre. Según explicó, las ideas de su libro “Interés y precios: fundamentos de una teoría de la política monetaria” inspiraron medidas de su gestión antes de la salida del cepo.
El mandatario definió a los premiados como “neokeynesianos” y los diferenció de los keynesianos clásicos. “Incorporaron restricciones de presupuesto, el análisis neoclásico de manera profunda, e hicieron énfasis en los fallos de mercado. No es alguien con quien no se puede discutir”, sostuvo. En cambio, criticó a quienes creen que se puede gastar sin restricciones: “Ya hemos padecido a esa gente y nos dejó una inflación desbordante”. Consultado sobre si aspira a ganar el premio, respondió con ironía: “Creo que no lo merezco. Al menos por hoy”.
El año pasado, el galardón había sido para tres investigadores que explicaron cómo la innovación y los nuevos productos impulsan el crecimiento, aun cuando desplazan a las empresas más antiguas.
El premio se denomina formalmente Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. Fue creado en 1968 por el banco central sueco y, aunque técnicamente no es uno de los cinco Nobel originales, se entrega junto con ellos el 10 de diciembre, aniversario de la muerte del inventor de la dinamita. Este año está dotado con 12 millones de coronas suecas, alrededor de 1,2 millones de dólares.
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